Cuando murió su mamá, Beatriz, Anselmo y Consuelo se repartieron la casa sin problema. La biblioteca fue lo único que tardaron meses en resolver.
Ninguno quería decidir solo qué hacer con los libros de su mamá, que había sido bibliotecaria toda su vida. Al final decidieron llamarnos los tres juntos.
Hicimos la revisión con los hermanos presentes. Cada uno fue apartando lo que quería conservar: Beatriz se quedó con la poesía, Anselmo con los libros de historia, Consuelo con las novelas con dedicatoria.
Lo demás, que era la mayor parte, lo revisamos y les explicamos qué convenía vender y qué convenía donar. Los tres estuvieron de acuerdo con la misma información delante de todos.
Se fueron contentos, cada uno con su caja de libros favoritos, sin ninguna discusión de por medio.
Si van a repartir una biblioteca heredada entre varios hermanos, lo que más ayuda es hacer la revisión juntos, no por separado. Cuando todos ven lo mismo al mismo tiempo, las decisiones se toman con menos desconfianza y menos culpa.