Es común que, al ver un libro con el lomo despegado o una página suelta, la primera reacción sea buscar cinta adhesiva para arreglarlo rápido. Entendemos el impulso, pero vale la pena explicar por qué no lo recomendamos.

La cinta adhesiva común, con el tiempo, amarilla y se vuelve quebradiza. Al despegarse, casi siempre se lleva consigo parte del papel o la tinta, dejando el daño peor de lo que estaba originalmente.

Con un libro de la familia Restrepo vimos justo ese problema: alguien había reparado una página rota con cinta transparente años atrás, y ahora esa zona estaba amarilla, dura, y parte del texto se había despegado con la cinta.

Para reparaciones caseras, es mejor usar cinta específica para papel, sin ácido, disponible en tiendas de materiales de arte o restauración. O, si el daño es serio, mejor no intervenir y consultar a un especialista.

Si tienes un libro dañado, resiste la tentación de la cinta adhesiva común que tienes en el cajón. Puede parecer una solución rápida, pero casi siempre empeora el daño con el paso del tiempo.

¿Tienes libros que ya no puedes conservar?

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