En la cocina de la casa de la familia Nieto había un librero pequeño con recetarios y algunos libros de administración del hogar, colocado justo al lado de la estufa, ahí desde hacía años.
El calor constante y la grasa del aire habían resecado las pastas y amarillado las páginas mucho más rápido que en cualquier otro librero de la casa.
Le explicamos a la señora Nieto que el calor directo, aunque no sea tan evidente como una gotera, deteriora el papel y el pegamento del lomo con el tiempo, igual que la humedad.
Rescatamos lo que se pudo, y le recomendamos un lugar más alejado de la cocina para los libros que decidiera conservar, sobre todo los recetarios más antiguos.
Ella no había considerado la cocina como un lugar de riesgo para sus libros, algo que muchas personas tampoco toman en cuenta.
Evita guardar libros cerca de estufas, calentadores, ventanas con sol directo prolongado o baños con humedad constante. Estos lugares, aunque parezcan inofensivos, deterioran el papel más rápido de lo que parece.