Nos llamó Marisol un lunes en la mañana, con la voz apurada: una gotera había mojado parte de su librero durante la noche.

Cuando llegamos, ya había sacado los libros mojados y los había puesto de pie, abiertos como tienda de campaña, sobre toallas en el piso.

Había hecho exactamente lo que se debe hacer. De los quince libros afectados, pudimos rescatar once. Los otros cuatro tenían el papel demasiado pegado entre las hojas.

Marisol se disculpó por no saber qué más hacer. Le dijimos que había hecho lo correcto, y que la mayoría de la gente ni siquiera sabe que hay algo que hacer.

Nos llevamos los libros rescatables para terminar de secarlos con cuidado, lejos del sol directo, que reseca y deforma las pastas.

Si a ti te pasa algo parecido, actúa rápido: separa los libros mojados de los secos, ponlos de pie y abiertos para que circule el aire, y evita el sol directo o el secador de pelo. La velocidad es lo que más ayuda a salvarlos.

¿Tienes libros que ya no puedes conservar?

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