En la mudanza de la familia Bañuelos había una colección de libros de arte grandes y pesados, de esos que se guardan acostados, no de pie.

Si se cargan parados en una caja normal, el peso propio del libro puede doblar las páginas o aflojar el lomo con el tiempo. Por eso los libros grandes van acostados, en capas, con los más pesados abajo.

Para los libros comunes, los acomodamos de pie, apretados pero sin forzar, para que no se doblen las pastas al moverse la caja durante el transporte.

Cada caja lleva un peso límite también: preferimos más cajas medianas que pocas cajas enormes, porque las cajas muy pesadas se cargan mal y es más fácil que algo se dañe.

La señora Bañuelos nos vio empacar todo con este orden y nos dijo que ella lo había estado haciendo al revés durante su última mudanza, con varios libros dañados como resultado.

Si vas a empacar libros tú mismo, recuerda: los libros grandes o de pastas duras van acostados, los comunes de pie sin apretar de más, y mejor varias cajas medianas que pocas enormes. El lomo agradece el cuidado.

¿Tienes libros que ya no puedes conservar?

Escribir por WhatsApp