Doña Asunción fue escritora, aunque nunca publicó más que algunos cuentos en revistas locales. Cuando murió, su hija Araceli heredó su biblioteca y su escritorio.
En el cajón de abajo del escritorio, entre libros de consulta, había tres cuadernos con borradores de una novela sin terminar, escritos a mano.
Araceli no sabía qué hacer con eso. No era parte exacta de la biblioteca, pero tampoco quería tratarlo como cualquier papel.
Le sugerimos separarlo por completo del proceso de venta o donación. Los manuscritos, borradores y cuadernos personales tienen un destino distinto al de los libros impresos: son un archivo familiar, no material de librero.
Araceli se quedó con los cuadernos y, meses después, nos escribió que estaba pensando en transcribirlos, aunque fuera solo para la familia.
Si al revisar una biblioteca heredada encuentras manuscritos, borradores o cuadernos personales, sepáralos de inmediato del resto. Merecen una decisión aparte, con más calma, sin mezclarse con la revisión de los libros impresos.