Candelaria se mudaba a Canadá por un contrato de trabajo. Tenía dos maletas de veintitrés kilos cada una, y una biblioteca de literatura latinoamericana que llevaba quince años armando.
No había forma de llevarse todo. Tuvo que decidir, en cuestión de días, qué libros valían el espacio de la maleta y cuáles se quedaban en México.
Le ayudamos a hacer la selección con un criterio simple: los libros que ya no se consiguen fácil en el extranjero, o los que tenían dedicatoria, fueron los que empacó. El resto lo revisamos para venta.
Se quedó con quince libros, los mismos que hoy tiene en un librero pequeño en Toronto, según nos escribió meses después.
Cuando te mudas a otro país y no puedes llevarte toda tu biblioteca, prioriza lo que es difícil de reemplazar allá: ediciones locales, dedicatorias, libros descatalogados. Los títulos populares casi siempre se consiguen de nuevo en el idioma o formato que necesites.