El doctor Fidel atendió pacientes en el mismo consultorio durante cuarenta años. Cuando decidió jubilarse, se encontró con paredes llenas de libros de medicina que ya no sabía a quién dejarle.
Algunos títulos eran de los años setenta, con información que ya cambió. Otros eran manuales de referencia que todavía se usan en la práctica.
Separamos la colección en dos: los libros técnicos vigentes, que pueden servirle a médicos jóvenes o a bibliotecas de facultades de medicina, y los históricos, que interesan más por su valor documental que por su uso clínico.
El doctor Fidel se quedó con los libros que marcaron su carrera, los que usó para estudiar la especialidad. El resto encontró destino entre estudiantes y coleccionistas de historia de la medicina.
Si estás cerrando un consultorio, despacho u oficina con libros técnicos, no asumas que todo perdió vigencia. Sepáralos por utilidad real: lo que sigue siendo referencia práctica, y lo que ya solo tiene valor histórico. Ambos tienen destino, solo que distinto.