Con los años armamos, casi sin proponerlo, una lista mental de lo que nunca debe pasarle a un libro mientras lo transportamos.
No debe ir expuesto al sol directo por horas, porque decolora las pastas. No debe cargarse con las páginas hacia abajo, porque se doblan las esquinas con el peso. No debe apilarse en columnas muy altas, porque los de abajo terminan cargando un peso que no les corresponde.
En la mudanza de la familia Beltrán aplicamos esta lista al pie de la letra: libros a la sombra, boca arriba o de canto, en columnas bajas y parejas.
Llegaron todos en las mismas condiciones en que salieron, algo que la señora Beltrán notó de inmediato al desempacar, comparado con mudanzas anteriores donde varios libros terminaron maltratados.
Si vas a transportar tus libros por tu cuenta, recuerda esta checklist simple: nada de sol directo por tiempo prolongado, nada de presión sobre las páginas abiertas, y columnas bajas en vez de torres altas. Pequeños cuidados que evitan daños grandes.