Cada libro que revisamos pasa por un proceso antes de circular de nuevo. Además de separar y cargar, también hay una limpieza básica que muchos no imaginan.

Sacudimos el polvo de lomos y cortes, revisamos que no haya humedad activa ni insectos, y limpiamos las pastas si lo necesitan, con cuidado de no dañar el material original.

Con la biblioteca de don Wenceslao, por ejemplo, varios libros llevaban años acumulando polvo en un librero alto, casi sin ventilación. Antes de que salieran de su casa, ya estaban listos para que el siguiente lector los abriera sin sorpresas.

Este paso es sencillo, pero importa: nadie quiere recibir un libro con olor a humedad o con polvo entre las páginas, por más buen contenido que tenga.

Si tú mismo vas a dar destino a tus libros, aunque sea por tu cuenta, vale la pena limpiarlos un poco antes de entregarlos. Un libro cuidado se recibe distinto, y circula con más gusto entre quien lo va a leer después.

¿Tienes libros que ya no puedes conservar?

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