Dentro de un libro de poesía, en la biblioteca de don Onesímo, encontramos una carta escrita a mano, sin sobre, sin destinatario visible, fechada hace más de cincuenta años.
Era una carta de amor, cuidadosamente redactada, que por el contenido parecía nunca haber sido enviada. No tenía firma completa, solo una inicial.
Se la mostramos a don Onesímo, quien la leyó en silencio durante varios minutos. Al terminar, solo dijo: "era para alguien que ya no recuerdo bien, de cuando era joven".
No quiso contarnos más, y nosotros no preguntamos. Algunas historias solo le pertenecen a quien las vivió, aunque las hayamos encontrado nosotros por accidente.
Se quedó con la carta, guardándola de nuevo, esta vez en un lugar donde la pudiera encontrar más fácilmente si quería releerla.
Hay hallazgos que no necesitan explicación ni desenlace. Solo necesitan que alguien los trate con el mismo cuidado con que fueron escritos, aunque haya pasado medio siglo desde entonces.