Compramos la biblioteca del señor Wenceslao en una calle de la colonia Escandón. Entre sus libros había una edición vieja de Rayuela, con el lomo gastado de tanto uso.
Meses después, a cuatro casas de distancia, revisamos otra biblioteca. Ahí apareció exactamente la misma edición, del mismo año, con el mismo tipo de desgaste.
Le contamos la coincidencia a la dueña de la segunda casa. Se rió: en los ochenta, era común que los vecinos se prestaran y compraran los mismos libros en la misma librería de la colonia, que ya no existe.
Probablemente esos dos ejemplares salieron del mismo mostrador, con unas semanas de diferencia, hace más de cuarenta años.
Nos gusta encontrarnos con este tipo de coincidencias. Recuerdan que los libros pertenecen a una casa, pero también a una época y a un barrio completo que los leyó casi al mismo tiempo.
Da gusto ser parte de esa historia compartida, aunque sea por unas horas, cuando un libro pasa de una casa a la siguiente.