Cuando los gemelos de la familia Ocampo se fueron a estudiar a Monterrey, sus papás decidieron convertir el cuarto de estudio en un espacio de trabajo compartido. El problema era el librero, lleno de libros de toda la infancia y la preparatoria.

La señora Ocampo no quería decidir sola qué hacer con los libros de sus hijos sin preguntarles, pero tampoco quería esperar meses hasta las próximas vacaciones.

Hicimos videollamada con los gemelos durante la revisión: ellos iban diciendo qué querían conservar mientras nosotros mostrábamos los libros uno por uno con la cámara del celular.

Se quedaron con los libros de cuentos que más recordaban con cariño, y el resto, sobre todo textos de preparatoria que ya no iban a usar, encontró destino en venta y donación.

El cuarto quedó listo en un fin de semana, y los gemelos no sintieron que decidieran por ellos sin avisarles.

Si vas a vaciar el cuarto de un hijo que se fue de casa, y no puedes esperar a que esté presente, una videollamada durante la revisión resuelve mucho. Nadie se siente excluido de una decisión que también es suya.

¿Tienes libros que ya no puedes conservar?

Escribir por WhatsApp