fbpx

Debo mudarme cada dos años.

Cada historia cuenta

«La vida, o es una aventura o no es nada».

Helen Keller

Pocos me entienden, debo mudarme cada dos años, no puedo estar en un lugar quieto, tal vez sea una fijación, en cada mudanza los llamo. Soy diplomático y asesor político, aunque me gusta la ciudad no me agrada radicar en un solo domicilio. Soy adicto a comprar libros, cada que me mudo les vendo unos quinientos, hace seis años estaba en la Letrán Valle, luego en el Centro de Tlalpan, ahora estoy en la Pensil, parece que son los únicos que conocen todos estos sitios, ni mis mejores amigos. Me gusta la literatura universal, pero más los escritores ingleses, cuando vienen a recoger la biblioteca siempre platicamos de alguna novela  de Conrad. 

Sr. Berstein. Ciudad de México.

Comparte
Facebook
Twitter

Ceemos que los libros usados son como un tesoro en las manos de quien los quiere leer

Por eso nos esforzamos tanto, porque también somos lectores, porque apreciamos el gesto de querer que otros aprovechen esas lecturas que nos apasionaron, que nos acompañaron en noches de desvelo, que nos llevaron a mirar el mundo de otra forma.

Cuando tu nos llamas se pone en marcha un engrane interesante, desde la oficina Marily toma la llamada y se entrevista brevemente contigo. Te hace sentir como si hablaras con alguien que conoces de años, programa tu cita y cuando termina se comunica con Gustavo quien acudirá a la cita.

El día de la visita, Gustavo llega puntual, en la camioneta en la que cargará los libros, pulcro, con su uniforme y su herramienta.

Revisará los libros, pagará por ellos y los cargará en la camioneta. Manejará el tiempo que sea necesario para llevarlos consigo a la bodega en donde Luis los recibirá.

Luis le ayudará a bajar los libros de la camioneta, los colocarán sobre bancos de trabajo y en los siguientes días con la ayuda de Alberto y de Emilio decidirán su destino.

Algunos de esos libros se irán a Ferias de libros usados, otros a librerías, algunos más con estudiantes y otros se quedarán temporalmente en los libreros de la bodega porque también nos gusta leer.

Así, hasta que todos los libros encuentren su propio destino.